| Por
Roberto Petracini, Argentina.
Septiembre de 2003.
3.
TECNOLOGIA E INGENIO
Cuba
es, por geografía y por
esencia, un país latino.
El clima tropical del Caribe
le aporta, además de
los temibles huracanes que azotan
la región, una temperatura
que significa una bendición
para sus playas y sus cursos
de agua interiores.
Esto
permite que la acuariofilia
tropical no tenga otra dificultad
ambiental más que la
dureza de las aguas.
Sin
embargo la cuestión que
parece sencilla vista a la distancia,
no lo es tanto si se mira desde
dentro de la isla.
En
cualquier país latinoamericano
es posible, teniendo el dinero
suficiente, adquirir una bomba
de aire, un filtro eléctrico
o un calefactor sumergible.
En
Cuba no es tan simple como tener
el dinero: muchas veces lo debe
fabricar el propio acuarista.
Una bomba de aire fabricada
con una bobina eléctrica
y una válvula hecha de
manguera de caucho es lo más
común en Cuba.
En
un país donde las divisas
son producto del esfuerzo y
sacrificio de todo un pueblo,
no parece razonable invertirlas
en bombas de aire o accesorios
para peces ornamentales. De
tal modo que el Estado, administrador
de las divisas, prefiere invertirlas
en alimentos, medicamentos y
otros bienes imprescindibles.
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Acuarios
confeccionados con vidrios
de autos.
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Foto
de una bomba de aire. |
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Esto
no significa que si necesitamos una
bomba de aire no lo vayamos a conseguir.
Será cuestión de recorrer
las tiendas en las cuales se ofrecen
modelos artesanales, armados a mano
uno por uno y que al parecer brindan
un servicio aceptable. Por supuesto
el precio a pagar no es barato. Existen
comercios en donde también
pueden llegar a conseguirse bombas
de aire importadas.
Uno
de los materiales críticos
en Cuba son los cristales. Por ese
motivo un acuario puede tener precios
inaccesibles para el bolsillo del
cubano medio. Y tal situación
ha llevado a agudizar el ingenio,
como, por ejemplo, utilizar cristales
de ventanillas de automotores o criar
los peces en casi cualquier recipiente
que sea capaz de almacenar agua en
condiciones sanitarias adecuadas.
Porque si bien la "tecnología
del ingenio" reemplaza la falta
de insumos, en todas las escalas de
la actividad existe una marcada preocupación
por asegurar la salud de los peces.
Y esto también se comprende
porque no sólo se trata de
un acuarismo conciente; también
se debe tener en cuenta que es muy
difícil reponer aquellos peces
que se mueren.
La
escasez de cristales hace que los
acuarios sean de un tamaño
más bien pequeño. Muchas
veces fabricados de acuerdo al tamaño
de los cristales que se consigan.
Acuarios de 120 ó 150 litros
son poco comunes ya que el costo es
bastante elevado. Más habituales
son los acuarios de 40 a 60 litros
en los cuales pueden vivir, un poco
apretados de espacio, por ejemplo,
una pareja de scalares.
Un
acuario de 40 litros, con bomba de
aire y una tapa con iluminación
a bombillas eléctricas, puede
costar alrededor de 250 pesos cubanos.
Aproximadamente lo mismo que un cubano
medio gana de salario. De ahí
que sea comprensible que se agudice
el ingenio para desarrollar la actividad
reciclando todo el material que sea
posible.
Cualquier acuarista de cualquier parte
del mundo, pero particularmente aquellos
de Europa y Estados Unidos, se ruborizarían
de vergüenza al ver que con tal
escasez de recursos, sus colegas cubanos
crían casi cualquier pez que
caiga en sus manos, mientras que con
todos los elementos y tecnología
en la mano, muchos opinan que los
peces son muy delicados de mantener.
Obviamente
esto tiene una explicación.
La razón principal es sin duda
la conciencia que ha adquirido el
ciudadano cubano sobre la necesidad
de aprender antes de empezar. Es decir,
saber sobre lo que se va a hacer antes
de hacerlo.
El segundo punto es el respeto por
toda forma de vida, incluso si ésta
tiene forma de un pez.
Y
en tercer lugar, porque a raíz
de su elevado precio, nadie puede
correr el riesgo de que su pez se
muera durante el aprendizaje.
Y
si se observa que el mismo apasionamiento
que muestran por los peces los acuaristas
también lo muestran otras áreas
de la población por otros animales
de compañía, comprendemos
que se trata de una pasión
que se ha impregnado en la gente como
parte de su educación y de
su cultura.
Con
esa pasión, y luego de haber
leído y releído cuanto
material impreso llegue a sus manos,
nuestro aficionado cubano que ya ha
reunido al menos sus cuatro pesos,
se dirige a la tienda donde sus cuatro
pesos son capaces de permitirle poblar
su acuario al menos con una pareja
de peces.
Y
aquí comienza otra historia...
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