|
Reproducción.
Si bien algunas especies no resultan fáciles
de reproducir, existen otras cuyas dificultades son menores.
No obstante, deben respetarse con bastante exactitud las exigencias de cada
especie para lograr que la naturaleza haga lo suyo y ciertos peces se
reproduzcan.
En el caso de Corydoras, esto es particularmente importante. Tal
vez porque hace muchos años que se la conoce y porque se la ha estudiado y
criado durante mucho años, nuestras C. aeneus y C .
paleatus parecen ser las que más fácilmente podemos reproducir.
C . paleatus cuenta con una mutación albina que se
ha reproducido en cautividad desde hace ya muchos años. La mutación albina de C.
aeneus se comercializa desde hace menos tiempo. Todos los ejemplares de Corydoras
paleatus albina que se venden en el comercio, son producto de criaderos
o factorías, tanto en nuestro país como en todo el mundo.
Otras especies, menos comunes en comercios y más difíciles de reproducir,
suelen ser criadas por aficionados expertos o criadores profesionales. Algunas
veces la reproducción es producto de la “casualidad provocada”. Esta
definición poco común no significa otra cosa que, por un lado, el criador
provocó ciertas condiciones favorables y los Corydoras desovaron.
Pero, por otro lado, repetidas esas condiciones en otros momentos, los desoves
no se produjeron.
En diversas páginas de este Web se menciona el hecho de que cuando las
condiciones están dadas, es casi inevitable que los peces se reproduzcan, ya
que ese es el mandato de la naturaleza. Ocurre que en ciertas circunstancias
esas condiciones deben ser cumplidas al 100% y en otras circunstancias alcanza
con cumplir el 50 ó 60%.
Nuestro conocimiento bastante parcial de las circunstancias que rodean la vida
de nuestros peces, determinan que no podamos establecer qué significa para un
pez cumplir con el 60% o con el 100% de sus exigencias en unos u otros momentos
de su vida y eso nos obliga a procurar siempre el 100% de condiciones propicias
para que finalmente desoven (o no).
De hecho, cuando se obtiene una descendencia
en los criaderos o factorías, esos descendientes tienen menores exigencias que
los ejemplares silvestres y resultan más fáciles de reproducir. Un ejemplo de
ello son los Scalares o los Discus, que cada vez son más fáciles de reproducir
(“fáciles” significa menos exigencias en las condiciones necesarias para
lograrlo).
Referido a Corydoras en el caso de C. paleatus
albina bastará contar con agua de la canilla (no muy dura, pH neutro y
temperatura de 25º a 27º C) para que de tres a seis machos y una o dos hembras
produzcan desoves en la temporada adecuada.
Sin embargo, no es lo mismo con otras especies, siendo algunas casi imposibles
de reproducir hasta el momento.
La experiencia del autor con Corydoras
se limita a las ya mencionadas C. aeneus y C.
paleatus (esta última en sus dos formas: albina y silvestre).
El primer contacto con un desove de C. paleatus no fue en un
acuario sino en una pileta en la cual un lote de C. paleatus habían
pasado el invierno, tras haber sido capturados en zanjones próximos al Río Luján
en Ingeniero Maschwitz (Provincia de Bs. As.) durante una excursión en busca de
Cynolebias. Al avanzar la primavera se observaban los brillantes
colores de los machos que pocas veces se muestran tan intensos en un acuario. En
los últimos días de diciembre, cuando el verano aún no se ha estabilizado en
Buenos Aires, se pudieron ver los primeros huevos adheridos a las paredes de la
pileta y en un vidrio que hacía las veces de pared divisoria de la pileta. Este
último, con alrededor de 50 huevos, fue retirado, cortado cuidadosamente y
colocado en un acuario con agua bien filtrada de la misma pileta y mantenida en
el interior del criadero con temperatura ambiente (entre 24 y 27º C).
Seguramente en el interior de la pileta habría más huevos que los localizados
a simple vista, porque pasados unos 15 días se podían ver nadando a centenares
de crías. En el acuario se pudo registrar el proceso de maduración y eclosión
de los huevos y el seguimiento del progreso de las crías, al tiempo que se
comparaba con la evolución de los nacidos y desarrollados en la pileta bajo
otras condiciones.
La abundancia de alimento natural en la pileta (de aproximadamente 800 litros),
en la cual había varias macetas con Echinodorus paniculatus y
algunas ramas de Egeria densa (Elodea), permitieron un rápido
desarrollo de las crías. Pero, por otra parte, seguramente por la presencia de
larvas de insectos predadores y otros organismos dañinos, se notó una merma
considerable en los primeros 20 días.
En el acuario, con todos los cuidados y precauciones, el desarrollo fue más
lento pero se pudo llegar a una supervivencia de casi el 100% de los nacidos
(habiéndose perdido el 75% de los huevos).
Esos ejemplares, llevados a adultos en acuarios del criadero (bandejas de 1,50
de largo por 50 cm. de profundidad y 30 cm. de alto) desovaron el año siguiente, con el método que se comenta a continuación.
Acuario de cría.
En nuestro caso se utilizó un acuario tipo “bandeja de
criadero” de 120 x 45 cm. con una altura de 25 cm. sin filtro de fondo. El
vidrio del piso estaba pintado por su lado externo de color marrón oscuro. Los
vidrios laterales y el posterior se cubrieron con papel azul oscuro (sirviendo
al efecto cualquier otro color que impida el paso de la luz). Un filtro de
esponja que se lavaba muy seguido con agua sin cloro era el único elemento
filtrante. Este filtro estaba accionado por una piedra difusora de burbujas muy
finas pero abundantes. Diariamente se renovaba un porcentaje de agua que variaba
entre un 5 y un 10%, producto de la limpieza por sifoneo de los restos
acumulados en el fondo y alrededor del filtro de esponja. La iluminación
natural provenía del techo provisto de chapas traslúcidas de fibra de vidrio,
pero en el lugar donde se encontraba en acuario era penumbroso (equivalente a la
luz que puede penetrar por una ventana que no recibe luz directa).
Para poder retirar los huevos se cortaron unas 30 fajas de vidrio de 7 cm de
ancho x 25 cm. de largo que se colocaron con broches sujetos a los vidrios del
acuario, de modo que éste parecía tener una doble pared.
Se introdujeron en ese acuario varias macetas con plantas pequeñas de Echinodorus
paniculatus perfectamente desinfectadas, unas cuantas “bochas”
(piedras redondeadas del tipo Mar del Plata) y un calefactor sumergido regulado
en 25º C para evitar que ocasionales cambios de la temperatura pudieran afectar
el desove.
Transcurridos unos días se introdujeron 12
machos y cinco hembras con evidentes muestras de tener los ovarios
plenos. Hasta el momento de introducirlos en el acuario de cría se mantenían
separados por sexos y se les alimentaba copiosamente. Los dos primeros días
permanecieron bastante inactivos y se mantenían refugiados en las cuevas
formadas por las piedras y las plantas. Sin embargo perdían la timidez al
momento de comer el tubifex, las larvas de mosquitos, corazón vacuno (congelado
y rallado con rallador de verdura fino) y la inevitable dosis de “pasta de
criadero” poco usada en la actualidad. La alimentación se suministraba cuatro
veces al día en cantidades justas.

Comienzan las corridas. |
|

Las cuatro etapas del desove que se describen en el
texto.
|
Al sexto día, poco después de la limpieza
y cambio de agua diarios, realizado por la mañana, se produjo el primer síntoma
de que se aproximaba el desove en el cual participaron tres machos y una de las
hembras, armando bastante revuelo, persiguiéndose a lo largo del acuario y
mostrando gran nerviosismo. Pensando que el desove era inminente, cámara en
mano aguardamos el momento a prudente distancia.
Tras varias horas en que las carreras comenzaban y finalizaban sin más que eso,
el desove no se produjo. Dos días después se reinició toda la ceremonia y
tampoco se produje el desove.

La deposición de los huevos |
Finalmente al cuarto día una de las hembras
con tres machos en cortejo comenzó a desovar en pequeños grupos de 10 huevos
que eran adheridos a las piedras, hojas de plantas y, en varios casos, en los
trozos de vidrio dispuestos para tal fin. Al poco tiempo se sumaron al revuelo
otras hembras y varios machos. Si bien es difícil llevar una cuenta de la
cantidad de huevos depositados por cada una, podemos calcular que fueron entre
150 y 250 tras los cinco días que duró todo el proceso.
Los huevos que pudieron ser retirados diariamente, se incubaron por separado en
un par de acuarios preparados al efecto con agua en iguales condiciones. Los
restantes se incubaron en el acuario de cría luego de retirados los padres,
muchos de los cuales eclosionaron estando aún los peces en el acuario.
Un 40% del total se perdieron al ser atacados por hongos y aproximadamente un
10% más no llegó a desarrollarse tras haber eclosionado. Es decir que se
desarrolló por completo aproximadamente el 50% de los huevos. En la foto 2 se
observan los huevos atacados por hongos (de color blanco). En la foto 3 se nota
que sobre 9 huevos, solamente 5 están a punto de eclosionar, habiéndose
perdido los restantes.
|

1. Huevos recién puestos.
|

2. Huevos 12 hs. después
|

3. A punto de eclosionar
|
Los huevos muestran un color blanco traslúcido
y en las primeras doce horas van cambiando hacia un color ambarino que se
intensifica hasta que comienzan a eclosionar al cabo de tres días.
Es muy importante la higiene del fondo, ya que durante cuatro o cinco días los
recién nacidos permanecen allí consumiendo los nutrientes almacenados en su
saco vitelino.
|

Larvas de C. paleatus. Arriba, con el saco
vitelino , abajo, a partir del 4º día. Obsérvese el detalle de las
aletas.
|
A partir del cuarto día se
suministraron infusorios cultivados y filtrados y al sexto día yema de huevo
(como se indica en nuestra página el Género
Colisa 2). Los dos primeros días sólo se incluyó en la dieta lo antes
mencionado, pero desde el tercer día (o sea al
8º día de haber eclosionado) se incorporó Artemia salina recién
nacida, la cual se le siguió suministrando –de mayor tamaño cuanto más
grande fueron los alevines- durante 40 días.
Los infusorios y el huevo resultan necesarios en los primeros días de
alimentación, pero tras una semana pueden suprimirse ya que los alevines serán
lo suficientemente grandes como para ingerir Cyclops, Artemia y Daphnias
tamizadas.
Al cabo de 30-40 días podrá incorporarse a la dieta carne sin grasa raspada,
pasta de criadero, alimento para crías hidratado en agua tibia y a los 60 días
tubifex purgado, picado y lavado, corazón congelado y rallado y otros alimentos
para juveniles.
En 90 días lucirán como pequeños Corydoras de 2,5 cm. nadando
en grupos numerosos. No debemos descuidar la higiene y el separar los ejemplares
más grandes con la doble finalidad de permitir el desarrollo de los más pequeños
y al mismo tiempo proporcionarles a todos un espacio mayor.
A los 100-120 días la mayoría deberá tener un tamaño adecuado para
ser vendidos, excepto, claro está, que el acuarista quiera mantener centenares
de Corydoras que ocuparán unos cuantos acuarios durante varios años.
En cuanto a Corydoras aeneus el comportamiento y generalidades
apenas se diferencian del descrito para C. paleatus, por lo que
todo lo comentado debe darse como válido para ambas. Posiblemente otras
especies del Género actúen de igual forma si se logra imitar en el acuario las
características del agua y ambiente que requieren.
Un detalle interesante de ser observado
(aunque no siempre es fácil) es que, a pesar de intervenir varios machos en el
proceso, parece que las hembras sólo desovan con uno, sin que se pueda precisar
qué función cumplen todos los demás. Tal vez esta observación sólo sea válida
para el caso particular de los desoves comentados y que casualmente se notó a
raíz de que uno de los machos (el que fecundaba siempre los huevos) era
visiblemente diferente a los demás. Seguramente, de ser válida esta observación,
existirán otros reportes que no son conocidos por el autor y que esperamos nos
sean informados por los visitantes si están en su conocimiento.
Las páginas de el
acuarista® están abiertas para que publiques tus experiencias y las
compartas con otros aficionados. Dispones de espacio en las páginas personales
gratuitas: aprovéchalas.
|