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Cuando se inicia una
enfermedad producida por hongos se manifiestan en los peces del mismo modo que
cualquier otra enfermedad: con un cambio de actitud. Es decir que se produce una
modificación en el comportamiento normal. Poco después, y aunque poco
visibles en un primer momento, aparecen modificaciones localizadas. Esto
significa que en el lugar del cuerpo donde se han localizado los hongos,
aparecen signos que con el transcurrir del tiempo se hacen muy evidentes.
Solamente para
ilustrar a quienes no tienen ninguna experiencia en materia de fungosis, podemos
decir que un hongo inicia el proceso como si fuera una microscópica semilla. Se
incrusta en el cuerpo y comienza a desarrollar raíces que penetran la piel de
los peces. En una etapa más avanzada crece hacia el exterior del cuerpo, pero
sus raíces se encuentran profundamente extendidas en el interior. Si el proceso
no es detenido, esas supuestas raíces atacan más tejidos y los órganos
internos, destruyéndolos. En esta etapa tan avanzada no es posible salvar la
vida del pez, ya que la muerte sobreviene por destrucción necrótica.
Los hongos
son integrantes del Reino Fungi. Los hongos acuáticos
en particular han sido clasificados a veces como integrantes del Reino Vegetal y
otras veces como integrantes del Reino Animal. Posteriormente
se aceptó la propuesta de Whitaker y se le adjudicó un Reino propio (ver
Biología
1).
Sea como fuere, la diferencia fundamental entre un hongo y otros animales
o vegetales, reside en la forma de nutrirse. Al no poseer clorofila no pueden
producir su propio alimento (mediante la fotosíntesis) utilizando materia inorgánica
(sales minerales, CO2). Los animales, a diferencia de los vegetales,
consumen alimento previamente elaborado, sea en forma de vegetales o de otros
animales. Los hongos, al no ser productores ni consumidores de alimento
elaborado, se nutren degradando y absorbiendo materia orgánica sin vida (o sea
que son saprofitos). Al fin y al cabo esa es la función para la que están
destinados dentro del equilibrio establecido por las leyes de la naturaleza. Su
potencial para degradar materia orgánica muerta les permite descomponer
sustancias complejas, tales como la celulosa, la queratina, la quitina y la
lignina, que son indigeribles para otras formas superiores de vida. Es decir que
sin la existencia de los hongos, nuestro planeta, con el transcurso de los
siglos, sería inhabitable por las formas de vida actuales.
Los hongos acuáticos
son organismos saprófitos facultativos por naturaleza y si en algún
momento se convierten en parásitos patógenos, lo hacen alimentándose
de tejidos previamente destruidos o dañados por otras causas
(lastimaduras, algún ataque de parásitos o bacterias, agresión de la mucosa
de los peces por agua o temperatura inadecuada, etc). En la literatura
especializada se comenta muy a menudo que en acuarios con abundancia de desechos
orgánicos (o sea materia orgánica muerta) la excesiva cantidad de hongos
existentes para degradar dichos desechos, puede transformarlos en organismos patógenos.
Los biólogos tienden a desestimar este argumento y parecen tener razón. Lo que
en realidad parece ocurrir es que junto a los abundantes hongos existe una
importante colonia de bacterias, y si sumamos a esto otros elementos, tales como
exceso de amoníaco, de nitritos y la consecuente merma en el oxígeno, nos
encontramos con un ambiente agresivo que reduce la defensa de los peces y
deteriora su mucosa protectora. De ahí a un ataque bacteriano no hay más que
un paso. Sobre el ataque bacteriano sobrevendrá, inevitablemente, la acción
micótica.
Si bien existen más
de 35 especies de hongos acuáticos, cuando nos referimos a enfermedades solemos
hacer mención a uno o dos Géneros como causantes de enfermedades. En realidad
para el acuarista no es muy importante saber cómo se denomina científicamente
el organismo que está atacando a sus peces. Más bien le interesa cómo
resolver el problema. Así que, para no agregar más nombres a los ya bastante
complicados en uso, diremos que los más comunes son Saprolegnia y
Achyla. A los efectos prácticos tampoco es muy importante saber qué hongo
está atacando a los peces ya que los síntomas y la terapéutica le son comunes
a todos ellos.
Para comprender cómo
se produce un ataque por hongos que afecte a más de un pez (epizootia), debemos
comprender su proceso biológico. Por lo tanto antes de emprenderla con las
distintas formas en que se manifiestan, analizaremos su biología en general.
Quien no haya leído antes sobre el tema, verá que no es tan aburrido como
parece.
Los hongos son
omnipresentes en el medio ambiente. Su finalidad de limpieza fue expuesta más
arriba y también se explicó que al aumentar la cantidad de materia orgánica
en descomposición aumenta la población fúngica como una respuesta natural (¡afortunadamente!)
Poseen un cuerpo fructífero compuesto por cientos de filamentos (ramificados o
no) que surgen del mismo lugar. Esos filamentos se llaman hifas y
contienen todas las estructuras reproductivas, las cuales pueden ser sexuales o
asexuadas. Cuando un hongo ataca los tejidos de un pez automáticamente genera
estructuras reproductivas nuevas como una respuesta al nuevo ambiente. Esas
estructuras reproductivas nuevas que son asexuadas y se desarrollan en las
terminaciones de las hifas se denominan esporangios. Germinan muy rápido
y comienzan a liberar esporas muy móviles que dispersan el hongo y
generan nuevas infecciones. Si nosotros comparamos las esporas con
“semillas”, podríamos decir que el hongo original ha “sembrado” por
todo el acuario cientos y cientos de semillas que comenzarán a germinar en
tejidos orgánicos muertos o dañados. La cantidad de esporas producidas
dependerá del Género y/o especie de hongo que se trate.
Cuando se infiltra en el cuerpo de un pez (por lo general por causa de una
lastimadura, un debilitamiento o destrucción de la mucosa, etc) se inicia el
proceso de crecimiento al que ya comparamos con una semilla. Introducida la
espora en el epitelio comienza a desarrollar micelios estructuras
vegetativas de los hongos comparables a raíces. A medida que
penetran en los tejidos que utilizan para nutrirse los van necrotizando.
Hasta aquí el proceso es poco visible ya que el lugar afectado sólo muestra
una ligera opacidad, que de no mediar una atenta observación puede pasar
desapercibida. Sin embargo el pez afectado habrá modificado su comportamiento y
eso nos llevará a observar detenidamente el cuerpo.
Entre 24 y 48 horas después comenzará el crecimiento del hongo hacia el
exterior, momento en que las hifas se hacen visibles al ojo como pequeñas
manchitas blancas o blanquecinas. Transcurrido más tiempo comenzarán a
adquirir la forma de copos algodonosos (en el caso de Saprolegnia) o
largos filamentos como delgadas hebras de lana (cuando se trata de Achyla).
Para ese entonces los micelios habrán necrotizado una vasta extensión de los
tejidos y, según la localización del hongo, pueden haber necrotizado también
algún órgano vital, haciendo imposible la recuperación del pez.
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Dorso de un pez con
Saprolegnia
avanzada
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Saprolegnia
es
también responsable del recubrimiento algodonoso que suele cubrir los huevos
infértiles, que, de no tomarse medidas, pasarán a atacar también los huevos
sanos. Esta es una de las razones por las que se recomienda en algunos casos
esterilizar el agua, desinfectar a los reproductores y los elementos
introducidos en los acuarios de desove. En otros casos la recomendación incluye
incorporar algún funguicida poco después de finalizado el desove.
Tratamiento
de la fungosis. Saprolegia y Achyla.
Existen en el
comercio una buena cantidad de medicamentos preparados para combatir fungosis.
Pero si el acuarista desea experimentar su propia medicación, damos
seguidamente algunas soluciones prácticas.
En la primera fase
del desarrollo del hongo
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Topicaciones
locales con una solución de dicromato de potasio al 1% (un gramo en 100 ml.
de agua hervida y entibiada). Se aplica a temperatura del agua del acuario.
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Topicaciones
con una solución de permanganato de potasio al 10% (10 gramos en 100 ml. de
agua hervida y entibiada). Se aplica igual que el anterior.
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Medicar
el agua del acuario con Azul de Metileno purísimo a razón de 1 gramo cada
100 litros de agua, acompañando este tratamiento con balneaciones (baños)
de 15 minutos en una solución de 15 gramos de sal gruesa por litro de agua.
En la segunda fase (al
hacerse visibles las hifas)
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Medicar
en acuario enfermería con 1 gramo de tripaflavina cada 100 litros de agua,
oscureciendo el acuario (la tripaflavina produce fotofobia). Por otro lado,
toda manipulación de tripaflavina debe realizarse con cuidado
puesto que al menos uno de sus componentes es altamente
cancerígeno.
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Si
existe una epizootia (que afecta a muchos o todos los peces), deberán
retirarse del acuario los ornamentos, elementos decorativos, mangueritas,
rocas y proceder a medicar con un funguicida comercial o 1 mg. de verde de
malaquita por cada 10 litros de agua, durante tres días. Los elementos
retirados se desinfectan con una solución de cloro (lavandina o lejía doméstica) a
razón de un pocillo de café cada 5 litros de agua. Las plantas se
desinfectarán con permanganato o dicromato de potasio (como se indica más
arriba) dejándolas algunas horas en remojo, luego de lo cual se enjuagan en
agua corriente y se las deja en un recipiente bien iluminado hasta el
momento de introducirlas nuevamente en el acuario. Se las puede dejar con un
desinfectante suave o bajo goteo fuerte de agua corriente de red (que
contiene cloro).
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Toda
vez que sea posible, además de la medicación en el acuario, se deberá
pincelar la zona afectada con alguno de los productos ya indicados, o con
una solución de bactericida comercial o Pervinox solución (Povidona-Iodo) diluidos 1 en 1.
Luego introducir el o los peces en el acuario medicado.
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Para
tratamiento de huevos contaminados se puede recurrir a una solución de
Yoduro de Potasio a razón de 0,5 gramos cada 10 litros de agua (1 gramo
cada 20 litros). El Colargol® es también indicado para este fin utilizado
1 gramo por cada 100 litros de agua en baños de 6 a 12 horas, luego de lo
cual se lo puede suprimir fácilmente con un filtro de carbón activado.
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En
todos los casos deberá tratarse el acuario con algún
antibiótico, ya
que como dijimos antes, las fungosis suelen producirse por ataques
bacterianos previos. Esta es una de las razones por las que algunos
acuaristas recomiendan tratar con Tetraciclina (Terramicina) los acuarios
con peces atacados por hongos. Se utilizarán 500 mg. cada 50 litros de
agua, repitiendo a diario, previo cambio parcial del agua, durante tres a
cinco días. Los antibióticos no eliminan los hongos, salvo aquellos simbióticos
con algunas bacterias. Por lo tanto se debe medicar funguicida y bactericida
al mismo tiempo.
En nuestra Tabla de
Terapéutica (Ver
Tabla
C) se indican otros tratamientos. Consideramos importante que bajes estas
tablas, las imprimas y las tengas como material de consulta permanente: te serán
de utilidad muchas veces.
Branquiomicosis.
Las enfermedades micóticas
de las branquias son producidas generalmente por Branchiomyces sanguinis
y ocasionalmente por Branchiomyces demigrans pertenecientes, como Saprolegnia
y Achyla a la Clase Ficomicetes.
Los efectos de un ataque fúngico a las branquias suelen ser devastadores y
afortunadamente son poco comunes en acuarios. Las branquias son el instrumento
que permite tomar oxígeno del agua, pero también desprender el CO2
de la sangre, en el mismo acto de respirar (Ver
Branquias).
Deterioradas las branquias se produce el doble efecto de intoxicación por CO2
y necrotización de sus órganos vitales por falta de oxígeno para la función
oxido-reductora.
Estadísticas más o menos actuales han demostrado que en 24 horas mueren el 95%
de los peces afectados por Branchiomyces sp. En 48 horas la mortalidad
llega al 100%. Como la visualización del hongo por medio de sus hifas comienza
24 horas después de iniciada la necrotización de las branquias, a esta altura
es poco y nada lo que podemos hacer. Por lo tanto es importante que observemos
los síntomas previos (o sea la modificación del comportamiento) y diagnostiquemos
acertadamente.
Estos síntomas le son comunes a otras afecciones de agallas menos fulminantes ( boqueo
agitado en la superficie, respiración acelerada, etc.)
La mayoría de los funguicidas comerciales tienen también una cierta acción
antiparasitaria, por lo que si en lugar de fungosis de branquias nos encontramos
ante una afección parasitaria, podremos demorar su desarrollo con la misma
medicación.
Para efectuar un diagnóstico correcto no tenemos otro recurso que la observación
visual de las branquias auxiliados con una lupa. Para ello habrá que levantar
el opérculo con un objeto adecuado, sin filos ni rebabas, y observar las
branquias con la lupa o un cuentahílos y auxiliados por una luz en ángulo de
45º. Según los peces esto podrá llevarnos dos o tres intentos antes de tener
éxito.
Hay peces que se pueden observar colocándolos en un plato o bandeja con un poco
de agua y otros que deberán ser anestesiados para una observación correcta.
Dependerá del tamaño y estado general del pez.
En caso de ser necesario el uso de anestésicos, se puede utilizar alguno de los
recomendados en nuestra Tabla C
(últimas líneas), colocando los peces en un
recipiente adecuado y agregando el anestésico en la dosis indicada en cada
caso. Una vez reducida la actividad metabólica podrá ser manipulado para la
observación, teniendo la precaución de hacerlo con las manos mojadas y
tratando de mantener el cuerpo fuera del agua no más que 20-30 segundos. Luego
de ese tiempo deberá ser sumergido nuevamente para evitar la deshidratación de
la mucosa. Los peces se recuperarán rápidamente una vez introducidos en agua
sin anestésicos.
Si se trata de un ataque por hongos veremos los filamentos branquiales
destruidos, mostrándose como si estuvieran disueltos. Si se trata de parásitos,
afortunadamente serán fáciles de distinguir de inmediato porque se adhieren a
las branquias y son bien visibles (Ver
Parásitos).
La medicación será la indicada para fungosis y cuanto antes se aplique mayores
posibilidades de curación existirán. Inmediatamente después de detectar la
presencia de este hongo, el o los peces afectados deben ser trasladados a un
acuario enfermería. También de inmediato se desinfectará el acuario y los
peces supuestamente sanos, utilizando 1
gramo de permanganato de potasio cada 100 litros de agua en peces tropicales o
el doble de ésta dosis en peces de agua fría. Esta desinfección durará 90
minutos luego de lo cual se retiran los peces del acuario, se duplica la dosis
de permanganato y tras 30 minutos se renueva totalmente el agua.
Habrá que estar muy alerta ante la posible aparición de los síntomas
descriptos en peces supuestamente sanos, ante lo cual se debe repetir todo el
procedimiento.
Ictiosporidiosis.
Ichthyophonus hoferi
es un hongo interno descubierto por Hofer en 1893. Se lo denominó hoferi
en homenaje a quien lo descubrió.
Posteriormente recibió la denominación de Ichthyosporidium hoferi (ichthyo=pex
+ osporidium=oospora). Exteriormente se manifiesta por un adelgazamiento,
cambio de color, etc., síntomas que pueden confundirnos en el diagnóstico por
ser comunes a otras afecciones. La confirmación sólo será posible mediante
disección y estudio de los órganos internos.
Como los peces enfermos liberan esporas con sus excrementos, es posible que el
acuario se contamine rápidamente si no tomamos la precaución de aislar al pez
enfermo ante el menor síntoma. De no resultar Ichthyosporidium es
aislamiento no será dañino, pero de permanecer en el acuario comunitario un
pez enfermo las consecuencias pueden ser imprevisibles.
Esta enfermedad no reconoce cura, al menos con los medicamentos comunes para
peces. En cambio es posible evitar la diseminación mediante el uso de
funguicidas para controlar la proliferación de esporas en el acuario antes de
que ataquen a nuevos peces.
©Roberto Petracini - www.elacuarista.com
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a las enfermedades
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Enfermedades
producidas por parásitos
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